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La Obra y el Espectador

  • Foto del escritor: MirisaWeb
    MirisaWeb
  • 16 sept 2018
  • 1 Min. de lectura


El proceso artístico no queda consumado hasta que los espectadores reciben y animan las obras. Así pues, el destino de estas varia en virtud de cómo se lleva a cabo la recepción y de las vicisitudes derivadas de los cambiantes criterios interpretativos.


La obra y el espectador entablan un simulacro de juego determinado por la posición que la primera ocupa en el espacio y los movimientos físicos que el segundo se ve forzado a realizar para captarla en las condiciones óptimas. Sin embargo, las obras han perdido su relación con el contexto y son consideradas como objeto aislados.


La actitud aislada o inadecuada del espectador ante la obra también puede ser decisiva. No es raro que adopte una postura distraída, como suele ser la del turista que visita un monumento artístico o un museo en el curso de sus vacaciones. Otras veces, las obras de arte no son recibidas como tales, bien sea porque son vistas desde otro prisma o porque sus funciones comunicativas ideológicas se confunden con la estética. El espectador inicialmente interesado por el arte suele alimentar ciertas expectativas, pero muchas veces, a causa del desconocimiento no consigue penetrar en el significado de las mismas. Ninguna interpretación puede darse por definitiva. La lectura de una obra de arte es semejante a un juego de azar, a un lanzamiento de dados, que comporta diversos recorridos entre los cuales podemos elegir en virtud de la complejidad y ambigüedad de aquella.


Autor: Simón Marchan Fiz.

El universo del arte, Aula Abierta Salvat.

 
 
 

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